lunes, 1 de octubre de 2012

Akira.

Título Original: Akira.
Año: 1988
Dirección: Katsuhiro Otomo



Si les interesa el manga y el animé, o sienten un gusto por la animación en general, sin lugar a dudas habrán escuchado alguna vez el nombre “Akira” o recordarán haber visto en la web o algún otro medio, la imagen de un muchacho de chaqueta roja junto a una motocicleta futurista del mismo color.
El alcance está película ha traspasado fronteras y de alguna forma su título “nos suena” (sin mencionar a Kurosawa), pero no todos la han visto.
Tetsuo.
La premisa de Akira se basa en que los humanos contamos con una energía interior que en mayor medida “duerme” dentro de nosotros y es esta energía la que nos conecta con el resto del universo. Resumido a su raíz no parecería nada que no hayamos escuchado antes, una especie de apología de un Nirvana o Satori, pero a diferencia de estos conceptos de iluminación, este “depertar” está condicionado por las emociones humanas y su uso puede ser tan frágil como destructivo.
Tetsuo es el menor de una banda de motoqueros a quién siempre lo toman por el más débil o incapaz. Aunque querido por sus compañeros, un sentimiento de rechazo e impotencia lo acompaña y una vez que, por accidente, consigue “despertar” busca cobrar su venganza con el mundo sin comprender realmente lo que sucede o los límites a los que podría llevar este poder sin ser consumido por él.
La ciudad de “Neo-Tokyo”(donde transcurre la historia) es una cosmopolita cyberpunk soberbiamente lograda. Gigante con sus recovecos iluminados por los neones de las super corporaciones, mientras reina un caos urbano y los jóvenes atraviesan las calles oscuras en sus motos hacia un futuro decadente y desordenado.
La historia es sumamente sólida y en parte se debe a la agilidad de su narrativa y el desarrollo que tiene sus personajes. No hay mucho trasfondo ni demasiado, dándole a sus protagonistas la dosis justa y necesaria sin llegar nunca a cansarnos.
Neo-Tokyo.
Sin embargo uno de los puntos más memorables de Akira son sus colores, escenarios y la calidad de su animación.
Visualmente Akira es simplemente espectacular, inclusive para los estandartes de hoy en día. Las luces y colores de Neo-Tokyo valen la pena por sí solos así como los movimientos de sus personajes y esas escenas llenas de velocidad que denotan lo minucioso y pulido de cada uno de sus cuadros.
Se podría decir que su estética deja en claro que este film tiene algunos años ya, pero al mismo tiempo, esto es un documento de lo que es una animación de calidad que buscó ser grande desde el primer día y ha comprobado ser algo gigante que se mantiene vigente casi treinta y cinco años después de su estreno.
Algunos de los que gustan abuchear a los 80’s, podrán presentar una queja en cuanto a lo “ochentoso” de su banda sonora, pero no olvidemos que este film vio la luz en 1988 y su música no solamente reafirma la postal de una época sino que acompaña la cinta de forma soberbia dándole un cierre a todos sus componentes.
Lo primero que pienso cuando recuerdo Akira son las palabras “calidad” y “trabajo”. Una obra que deja en claro lo que es “animación de primera de clase” y la cantidad de tiempo y esfuerzo que han puesto en él.
Todos deberíamos ver Akira al menos una vez. No por casualidad sigue siendo un clásico hasta la fecha y no me sorprendería que siguiera siendo excelente de aquí a treinta y cinco años más.

Klaus Kinski (1926-1991).



Días de lluvia. Café, libros, películas y eternas visitas a lugares comunes y otros olvidados en el abanico de lo cotidiano; en un punto muerto con sabor a impertinencia me zambullo en Herzog, en su vampiro y en el hombre detrás de él: Klaus Kinski, el último gran actor del cine alemán.
Pocas colaboraciones han sido tan fructíferas como insoportables. Herzog es grande, Kinski también lo es, pero ambos se volvieron enormes más allá de la pantalla.
Klaus Kinski es ese “maldito genio” al que nos encanta odiar y admirar. Tan macabro como vulnerable, cada una de sus actuaciones te absorbe y sacude mientras de a momentos apartamos nuestras miradas para evitar sus ojos. ¿De dónde proviene esa energía que consigue atormentarnos y enamorarnos al mismo tiempo? Teatro, sexo, Shakespeare, París, celos, lujo, selvas, barcos, dientes e interminables cabalgatas nocturnas.
Aguirre.
Apreciar a Kinski en pantalla es suficiente para disipar cualquier duda en cuanto  a su calidad actoral, pero mi propuesta, para con ustedes lectores, va más allá.
Los invito a descubrir a un ser humano único, un cúmulo de sensaciones e incertidumbres. Donde el amor se vuelve odio y el odio se vuelve una obra maestra. Un ser atormentado por sus propios caprichos, que lo lleva a destruir cuanto tiene, para volver a recomponerlo y así destruirlo nuevamente.  Kinski no actúa, él es. Y aunque pareciera poco novedoso semejante veredicto, su aparición dejaba en claro una genialidad producto de un profundo sufrimiento.
Las duplas exitosas al estilo Burton – Depp, o Scorsese – DiCaprio, no nos son ajenas, más o menos exitosas, siempre respetables pero no siempre geniales. Herzog y Kinski consiguieron algo que pareciera haberse perdido lentamente en el transcurso de la historia. Ese halo de caos y aventura, de sinceridad y desprecio,  la unión de lo natural y lo exótico; han elevado películas como Fitzcarraldo al nivel de lo que se conoce como “cine arte”. Sin embargo a Kinski poco le interesaban esos asuntos, él manifestaba públicamente que su interés era siempre el dinero. Incluso rechazó directores de la talla de Fellini y Truffaut. Pero al mismo tiempo su fama de anti héroe y su conocido mal temperamento lo transformaron en esa ambigüedad que odiamos pero no podemos evitar.
Herzog y Kinski.
Al finalizar su último trabajo en conjunto titulado Cobra Verde (1987), Kinski se acerca a Herzog al terminar la última escena y le dice: “No puedo continuar. He dejado de ser.” Y quizás sea esta la forma en que se despide un genio a quién la inmortalidad ya le es indiferente.
Cuatro años más tarde Kinski muere de un paro cardíaco, no sin antes escribir, producir, dirigir y protagonizar su obra Paganini, la cual merecería un análisis aparte. Bastante material de archivo para el documental “Mein liebster Feind” (1999) donde se retrata la tormentosa relación de estos dos seres.
Recomiendo visiten la filmografía de esta dupla. Sus películas hablan mejor que yo. Y si no han perdido el hábito de la lectura, busquen “Yo necesito amor” la autobiografía (bastante surrealista de a momentos) de Kinski y “La conquista de lo inútil” donde están los apuntes de viaje de Herzog durante el rodaje de Fitzcarraldo

"Me vendo a mí mismo por el precio más alto. Exactamente como una prostituta. No hay diferencia alguna." (Klaus Kinski)

jueves, 20 de septiembre de 2012

Los Caballeros del Zodiaco Omega.

Título original: Saint Seiya Omega
Año: 2012
Estudio: Toei



Desde abril de este 2012, Toei Animation regresa con “Saint Seiya Omega”, serie que supone la continuación del manga original después de los acontecimientos en “La saga de Hades”.
Saori Kido (la reencarnación de Atena) sostiene al pequeño Koga en brazos cuando Marte (enemigo principal y dios de la guerra) se presenta para llevarse a la diosa para así establecer su nuevo orden. Inmediatamente aparece Seiya portando la armadura dorada de Sagitario para proteger a Atena mientras el niño observa asombrado a esta figura poderosa que le hace frente al enemigo.
Han pasado varios años (aunque no especifica cuantos, pero podemos deducir unos veinte aproximadamente) desde la última Guerra Santa con el señor del inframundo. Koga entrena para obtener la armadura de Pegaso, aunque duda de la existencia de Atena y de su deseo de convertirse en caballero. Sin embargo cuando Marte consigue llevarse a Saori sin que él pueda hacer nada, su determinación lo lleva a emprender la búsqueda por rescatar a la que ahora reconoce como la verdadera diosa portando la armadura de Pegaso.
Saori, Koga y Soma.
Sin la participación directa de Masami Kurumada; esta serie presenta una nueva alineación de santos de bronce: Soma  del León Menor, Yuna del Águila (metáfora de liberación quién ya decide no ocultar su rostro como acostumbraban los santos femeninos), Haruto del Lobo, Edén de Orión (hijo de Marte y con sentimientos encontrados) Ryuhou del Dragón (hijo del legendario Shiryu) y Koga de Pegaso.
Para los que nacimos en los ochentas, los santos de bronce originales nunca podrán ser reemplazados, pero el tratamiento que se le da a los nuevos llegados está muy bien logrado y en un contexto que se vuelve creíble y ayuda a asimilar a estas nuevas caras con naturalidad.
Tras las continuas batallas, los viejos santos ya no pertenecen y el Santuario alberga esperanzas en esta nueva generación. Sin embargo uno de los mejores puntos de la series es el rol que se le da a los ahora conocidos como “Santos legendarios”, los viejos héroes, que aparecen eventualmente para ayudar a nuestros protagonistas, pero ya al margen de los acontecimientos actuales.
Algunos otros viejos no tan conocidos ocupan también sus roles en calidad de consejeros o directores de institutos de entrenamiento. Mientras tanto, a excepción de nuestro protagonista, los nuevos caballeros de plata y oro que no reconocen a Saori, defienden a Aria, una muchacha a quién Marte presenta como la verdadera Atena y crea las nuevas doce casas para protegerla de nuestros protagonistas “rebeldes”.
La serie introduce un par de novedades. Las armaduras ahora son portadas en forma de “cristal de armadura” ya sea un colgante o una pulsera y no aquellas viejas y pesadas cajas con las que debían cargar. Las nuevas armaduras conservan la esencia de las originales, pero estilizadas a un formato siglo XXI dando hincapié a la flexibilidad más que al poder. La introducción más grande son los elementos. Al mejor estilo Pokemon o un RPG, cada armadura corresponde a un elemento que sufre ventajas y desventajas frente a los otros, pero al mismo tiempo esto está justificado en la serie como un descubrimiento reciente, e incluso algunos de los viejos guerreros de bronce reconocen no poder manipularlos debidamente, por lo que no consigue profanar horriblemente lo clásico.
El legendario Seiya.
Uno de los argumentos que está muy bien logrado es la relación entre Seiya y Koga. Actualmente se desconoce el paradero del antiguo Pegaso, pero este aparece de a momentos como un ser casi divino que aflora en Koga, una relación metafísica que no aclara si tiene una faceta de reencarnación o la de una relación padre-hijo.
Los diseños de personajes pueden resultar un poco infantiles para algunos, pero la buena calidad de la animación nos hace despreocuparnos sobre ese tema.
Los viejos fanáticos de la serie que no se permiten modificar ningún aspecto deberían alejarse inmediatamente, pero sin prejuicios y abiertos a una nueva propuesta, esta entrega merece una mirada. La música sigue siendo tan buena como las batallas, la historia es sumamente sólida y la nostalgia de encontrarse a los viejos santos de bronce esperando su regreso triunfal nos impulsa a seguir la narración.  Una interesante mirada y un buen comienzo para las generaciones que todavía no saben lo que son los “Meteoros de Pegaso”.

Resident Evil 5: Venganza.


Título original: Resident Evil: Retribution
Año: 2012
Dirección: Paul W. S. Anderson


Resdent Evil es el ejemplo de cabecera a la hora de hablar de “survival horrors”. Aunque hay otras sagas similares, ninguna ha alcanzado el grado de popularidad de los habitantes de Raccoon City.
Grandes personajes y escenarios, una historia bien desarrollada y ese suspenso constante de no saber que se encontraba detrás de cada puerta; no fue sorpresa que la saga se trasladara al cine, pero nadie imaginó el camino que tomaría.
Alice. Igual que siempre.
La primera entrega ya marcó un alejamiento de la historia original o al menos sentó las bases de una pre cuela de los acontecimientos por venir y que todo fanático de la franquicia conoce. La película no estaba mal formulada y su historia se sostenía por sí misma sin necesidad de depender de grandes actores o sobredosis de efectos digitales y conservando un balance entre la acción y el suspenso.
Las siguientes entregas introdujeron más elementos de la historia original (en especial la segunda parte) como personajes y giros narrativos o escenas extraídas casi directamente de los juegos, pero la trama seguía un rumbo independiente que se llevaba siempre un poco más al extremo con cada entrega como una competencia implícita de que tan espectacular y épica sería la siguiente Resident Evil, pero en el camino falló rotundamente.
Al igual que la primera, Paul W. S. Anderson regresa con esta quinta entrega titulada “Resident Evil 5: Venganza”. Uno pensaría que la saga bajaría un poco más a tierra buscando rescatar lo perdido con las entregas anteriores, aunque por lo visto no pudo escapar del estigma de sus predecesoras, dejándonos con una cinta que hace justicia a la saga únicamente porque comparten el mismo nombre.
Por supuesto que hay nuevos personajes del juego en esta entrega, pero totalmente descontextualizados y mal personificados, sencillamente ocupan un lugar debido a que no aparecieron en las películas anteriores. Malos diálogos, pobres actuaciones y ningún trasfondo que lo respalde o le sumen interés a los personajes, así debuta mediocremente Leon S. Kennedy, uno de los favoritos del video juego.
Mismo director. Mismo monstruo.
Ahora en versión XL.
Pero uno de los mayores errores de esta entrega es la espectacularidad que intenta alcanzar. Se desborda de efectos especiales para darle lugar al 3D y preponderancia a la acción eliminando la atmosfera y el suspenso por el cual la serie se volvió famosa en primer lugar. Incluso los maquillajes de los zombies son malos, similares a caretas de goma de bajo presupuesto, y hasta los podemos ver andar en moto y disparando armas de fuego. En ese momento, mi lucha interna por rescatar algo de todo esto, se desmoronó completamente.
Reaparecen viejos personajes ahora como enemigos. Una malvada Jill Valentine que ocupa un lugar para hacer una referencia descontextualizada del juego (RE 5 en este caso) y regresa Michelle Rodriguez  en forma clonada aunque nadie la extrañaba. La historia paralela que se desarrolla en base a la clonación y perfeccionamiento del “Proyecto Alice” han ocupado tal lugar que hasta nos hace olvidarnos de la verdadera amenaza de muertos vivientes.
Alice es un personaje particular. Aunque nos guste o no, su desarrollo a lo largo de la saga aportaba y enriquecía la continuidad de la misma, pero en esta última entrega pareciera que el personaje ya no tiene nada más que aportar.
Malas actuaciones, malos diálogos y acción gratuita sin una historia que atrape. Si en la primera los protagonistas se tenían que enfrentar a un “licker” (una de las criaturas), en esta tenemos un “super licker” gigante que no hace más que demostrar esa necesidad de “agrandamiento” de la saga, entrega tras entrega, que ha transformado a Resident Evil en algo que los verdaderos fanáticos de los video juegos ya no reconocen.

miércoles, 5 de septiembre de 2012

Cuentos de Terramar.

Título original: Gedo Senki
Año: 2006
Estudio: Ghibli



Estudio Ghibli es, sin lugar a dudas, el peso pesado de la animación japonesa. Haciendo énfasis  en temáticas donde la naturaleza y la armonía juegan un papel tan preponderante como la acción. Dibujos que no son “dibujitos” e inclusive apelan a un público más adolescente y adulto. Soberbios largometrajes como “Nausicaa del valle del viento”, “La princesa Mononoke” o “El viaje de Chihiro”, son algunos de los manifiestos que demuestran que este estudio alcanza una estratósfera a la altura de Disney o Pixar.
En estos mundos de fantasía hay un nombre que sobresale como sinónimo de calidad y buen gusto: Hayao Miyazaki, quién hacía ya varios años había manifestado un interés por llevar al mundo de la animación una adaptación de los clásicos de Ursula K. Leguin: “Los Cuentos de Terramar”.
Pareciera que esta plataforma (el cine de animación) sería el ideal para poder plasmar y transmitir la magia de estos archipiélagos repletos de misterios, guerreros, magos y dragones. Aunque la autora de estos libros no mostró un interés inicial en el proyecto, finalmente accedió tras ver “Mi vecino Totoro” y descubrir esa magia detrás de los films de Miyazaki. Sin embargo el proyecto no fue dirigido directamente por él (aunque se suponía el propio Miyazaki seguiría el emprendimiento de cerca y responsable de dar el visto bueno), en cambio el film se convirtió en la ópera prima de su hijo: Goro Miyazaki.
Esto despertó dudas en la autora, aunque la reputación de Ghibli habla por sí sola, y parecía poco probable que el resultado no fuese satisfactorio.
Visualmente genial.
En el 2006 se estrena “Cuentos de Terramar” con muchísimas opiniones encontradas y, en síntesis, bastante negativas para la expectativa que se había generado.
Sin lugar a dudas esta cinta ES una cinta de los estudios Ghibli, con sus espectaculares escenarios, paletas de colores y placer visual que lo convierten en una experiencia sumamente grata. Aunque no solamente es el aspecto visual el importante, sino también sus personajes, sus motivaciones, argumentos y demás engranajes que pueden elevar una maquinaria al estatus de “clásico” como nos tiene acostumbrados Miyazaki padre.
Aunque los nombres nos son familiares, sus personalidades e historia difieren enormemente de aquellos de los libros. Por supuesto uno nunca espera una exactitud absoluta en la traslación de la literatura al cine, ya sea porque son dos medios de expresión diferentes con sus propias reglas y formas o sencillamente podría ser a veces culpa de un mal guionista que nos otorgue una adaptación mediocre al no poder capturar la magia inicial de los libros. Pareciera que es la segunda opción la responsable aquí de la falta de encanto del film más allá de su faceta visual.
Los personajes nunca terminan de cerrar. Sus disparadores y formas poco tienen que ver con los de la literatura, e inclusive no llegan a funcionar dentro de su propio cosmos y todo termina siendo una gran experiencia con gusto a poco. Aunque el film trata de plasmar esa simple sinceridad y frontalidad que difiere de la minuciosidad “tolkeniana”, sus aristas están sin pulir y la narración se pierde de a momentos llevándonos de un lugar a otro sin saber a veces como llegamos allí.
Al titular la película bajo el nombre de esta saga fantástica pareciera no más que un ardid publicitario para apelar a los seguidores de la autora. Lo cual nos hace preguntarnos qué necesidad habría de adaptar una novela sin intenciones de respetar la misma, cuando Estudio Ghibli desde su propio imaginativo nos ha ofrecido piezas más que memorables.
No quiero transmitir con esto que se trata de una “mala” película, ni tampoco es una cinta recomendable para los fanáticos de la acción (quizás sea esta preponderancia a la introspección uno de los pocos factores que se busca respetar de los libros), pero inclusive eso pareciera contradecirse dentro del film de a momentos.
Gavilán.
Es una pena que Hayao Miyazaki no haya tenido una preocupación más activa por este proyecto que termina por decepcionar a los fanáticos de Ursula K. Leguin y tampoco consigue alcanzar la magnificencia de una animación de Estudio Ghibli más allá de su espectacularidad visual a la cual ya nos tenían más que acostumbrados.
Recomiendo antes que nada leer las historias de Terramar, son cinco libros imprescindibles para los fanáticos del género. Para muchos “En la costa más lejana” (el tercero de la saga)  es el mejor y, sin lugar a dudas, el más popular; aunque en mi opinión personal ese calificativo se disputa con el segundo titulado: “Las tumbas de Athuan”.
Una película difícil de recomendar, aunque eso no significa que no valga la pena dedicarle una mirada. O mejor dicho, en palabras de la propia autora cuando el director le preguntó si le había gustado la cinta: “Si. No es mi libro. Es tú película. Es una buena película”.

viernes, 31 de agosto de 2012

La leyenda de Zelda: ocarina del tiempo.

Título original: The legend of Zelda: Ocarina of time
Año: 1998
Compañia: Nintendo



Volvamos más de diez años en el pasado. Al año 1998 para ser más exactos. Una época donde los gráficos en tres dimensiones aún se encontraban en su pubertad. Una prueba de resistencia y adaptación para grande clásicos que marcaron hitos en ocho y dieciséis bits. Ahora pensemos en Nintendo. La empresa de videojuegos más grande y reconocida del cosmos. Juegos transformados  en clásicos instantáneos. Clásicos instantáneos que se convirtieron en grandes sagas. Títulos como Super Mario, Castlevania, Metroid, Donkey Kong y un favorito de los gamers más fanatizados: The Legend of Zelda.
Nacido de la mente de Shigeru Miyamoto, considerado como uno de los dioses de la industria de los videojuegos, “La leyenda de Zelda” vio la luz en 1986 para la vieja y querida Nintendo clásica, más conocida como la “Nes”. Invitada esperada de todas las consolas que la marca ha sacado al mercado (a excepción de la fallida Virtual Boy), algunas veces mejor y otras no tanto, pero nunca decepcionante.
Este juego nos ponía en la piel de Link, un espadachín de la tierra de Hyrule, de aspecto infantil y rasgos élficos, embarcado en una odisea para vencer al malvado Ganon y evitar que se apodere de la Trifuerza.
Link vs Ganon.
La historia puede reducirse a la eterna y épica batalla entre el bien y el mal, pero es la jugabilidad y desarrollo de este título lo que lo ha convertido en algo mucho, mucho más de lo que se puede apreciar a simple vista.
Si bien en los videojuegos el género RPG (Role Playing Game) es anterior a Zelda y hoy en día cuenta con muchísimas sagas reconocidas en su haber (como Dragon Quest, Final Fantasy y Dungeons and Dragons), los componentes básicos del estilo, que demandan tiempo y paciencia para completarlos, encontraron un estilismo y encanto con esta aventura que no se había visto antes en las consolas.
A principios de los noventas, la primera entrega de este título para la Super Nintendo (SNES), llevó la franquicia a otro nivel de gráficos y complejidad que pareciera habían alcanzado su zenit. Con la aparición de los 64 bits, la expectativa por una nueva historia del héroe de Hyrule generaba tanta impaciencia como escepticismo.
¿Sobreviviría Link a su más grande desafío: la transición al mundo de las tres dimensiones?
Con el nombre “La leyenda de Zelda: ocarina del tiempo”, esta nueva entrega no solo colmó las expectativas, sino que elevó la saga a un nivel que antes parecía inalcanzable, transformando algo ya gigante en gigantesco.
Hyrule se veía colosal en su nuevo formato con sus bosques, civilizaciones submarinas, verdes valles, desiertos y montañas. Nuevos habitantes y personajes por descubrir, así como nuevos artefactos, armas,  argumentos narrativos y desafíos. La nueva tecnología también permitía una banda sonora más desarrollada que terminaba por cerrar la atmósfera épica que conlleva el juego desde su primera entrega. El tema principal de este título, compuesto por Koji Kondo (otro dios del panteón musical de los videojuegos), se ha vuelto tan reconocido como las bandas sonoras de John Williams.
Link y la "Espada Maestra".
Explayarme en los pequeños detalles del juego llevaría mucho tiempo y carecería del encanto que conlleva descubrirlos por uno mismo. Hoy en día, este se puede adquirir en la consola virtual de Wii, o puede ser descargado para pc en un emulador.
Aunque la cronología de la saga es motivo de discusión entre los fanáticos de la misma (inclusive el orden oficial publicado por Nintendo es sumamente confuso y deja muchos cabos sueltos) “The Legend of Zelda: Ocarina of Time” ha pasado a transformarse en una pieza de arte con sus diseños, personajes, escenarios y música que, aunque un tanto envejecido, mantiene su reputación y belleza a pesar del paso de los años.
Mientras exista Nintendo existirán Link y Zelda, Ganon, la Trifuerza, Hyrule y la “Espada Maestra”. Aunque la tecnología evolucione y nuevas entregas sean llevadas un paso más allá, no cabía duda para ningún gamer, que en 1998, el mundo de los videojuegos como lo conocíamos había cambiado para siempre.

domingo, 26 de agosto de 2012

Mentiras Verdaderas.


Título Original: True Lies
Año: 1994
Dirección: James Cameron


Pareciera imposible hoy día hablar de héroes de acción sin evocar a Arnold Schwarzenegger. Películas como Terminator, Depredador, Conan y Commando son sinónimos de una época donde todo era espectacular y explosivo. Frases supercool, músculos por doquier y descamisados que podían sostener una metralleta sin que se les cayera la ceniza de su habano.
Nueva caras como Sam Worthtington, Jet Li o Jason Statham han ocupado la pantalla manteniendo con vida un género que extraña viejas glorias, ausentes hoy día precisamente por eso: la vejez.
Sin embargo Hollywood ha respondido a este llamado con películas como “Rocky Balboa”, “Die Hard 4.0”, “Rambo” y “The Expendables”. Más allá de un juicio sobre la calidad de estas cintas, el eterno “nunca habrá una igual que la primera”, el presente y el paso de los años, junto con las nuevas dosis de lógica y verosimilitud que han empapado tantos géneros como el de los cómics, acción y hasta los slashers; han convertido a estos films en materia para los nostálgicos y un revisitar de viejas filmografías.
En vista del regreso de Arnold este 2012 con “The Last Stand”, con gusto volví unos cuantos años atrás para ver una película que en mi opinión es la mejor despedida de este actor en los noventas: “True Lies”.
Tom, James y Arnold.
Dirigida por James Cameron, a quién todo le sale bien (al menos en la taquilla, varias pirañas estarán en desacuerdo y en lo personal “Avatar” no me enloquece más allá de su fotografía y diseño de arte) dirige este film que reúne todos los atributos del género, e inclusive le agrega una gran cuota de comedia bien ejecutada gracias a grandes actuaciones y desarrollo de la trama.
Quitando de lado las películas de Terminator, las cuales parecieran pensadas para Arnold y nadie más que Arnold, “Mentiras Verdaderas” podría ser su mejor performance en una cinta.
Interpretando a un espía encubierto que lleva una doble vida como un vendedor de computadoras con una familia que desconoce su verdadera profesión. Harry Tasker (Schwarzenegger) está tras la pista de un grupo terrorista que podría poner en jaque a la población con armas de destrucción masiva. Durante el desarrollo de la trama, nuestro protagonista  pone bajo vigilancia a su mujer, de quién sospecha lo está engañando con otro hombre y sobre el final ambos deberán trabajar juntos para detener esta amenaza.
Resumido así pareciera una tontería, y quizá lo sea, pero Cameron hace un excelente trabajo mezclando y elevando los ingredientes del género para construir lo que es puro entretenimiento.
Tom Arnold junto con Schwarzenegger conforman una dupla peligrosamente cómica, mientras que aquella chica llamada Jamie Lee Curtis, quien supo derrotar a Michael Myers en el año setenta y ocho, regresa como una madre convertida en heroína de forma excepcional.
Excelente dupla.
Aunque esta cinta es de mediados de los noventas, es sin lugar a dudas, el último gran papel de Arnold hasta su retiro político en el 2003. No perdamos tiempo en querer convertir esto en un clásico, o señalar lo irrisorio e inverosímil del mismo, sino dejarse capturar por esos primeros planos en los que con su mirada Arnold nos dice: “Acá estoy… y los voy a cagar a tiros.”
Recuerdo hace unos años, durante el estreno de la nueva película de “Rocky”, un muchacho bastante más joven, al saber que tenía intenciones de ir al cine a verla me dijo: “No podes ir a ver eso, te apuesto a que es una porquería”. A lo que contesté: “No me importa. Es Rocky”.
No me entendió, tampoco me esforcé en hacerme entender, pero para los que ya tenemos unos añitos, y el mundo no era un lugar digitalizado, el placer de ver a un tipo matar a veinte con un tenedor y un revolver de balas infinitas no tiene precio.
Los grande íconos del cine de acción están regresando, más como una despedida que un re inicio. El mundo los necesita una vez más, por la nostalgia de todas esas veces que dijimos “I’ll be back” frete a un espejo, o la vincha roja que llevábamos a la escuela y por hacernos creer eternos, fuertes, grandes e invencibles; mientras nuestros enemigos volaban por los aires en espectaculares explosiones, a nosotros apenas se nos despeinaba el jopo.